lunes, 19 de diciembre de 2011

Rapto de una noche de primavera

Agotado, es poco el tiempo que queda para el despertar. Un cielo enorme se escapaba afuera de lo que se sentía acá, pero el interés en verlo era nulo; solo quería descansar. Solo quería un poco de pasto y dormir relajadamente, como solía hacerlo antes: sin preocupaciones, siendo el más simple de los simples.
Originalidades van, pero cuesta mucho que vuelvan.
Y así el tiempo de aquello pasa desesperadamente rápido. El sol y el sueño de una estrella. El calor de una primavera ahogada por el calor de verano se hacía sentir más. Añoraba con el frío del norte, añoraba con la paz del sur, aquella dualidad nunca lo dejaba estar tranquilo. Era inevitable por decirlo así: es de esa manera por la cual la estructura de su pensar se configuraba. Y observó un destello plateado por sobre la noche que avecindaba, pero convino en que era solamente su deseo y su desesperación.
Y tal vez así simplemente fue.
Voz clara que recorre con su mirada por aquellas cosas que podrías llamar tiempo. Eco, eco. No es como que aquel lugar ameritase tenerlo, pero dentro de las mentes toda clase de posibilidades se pueden dar, para que al final del día termines esquizofrénico y con un dolor de cabeza horrible.
...
...y que si piensas mucho en esas otras cosas, terminas con un dolor del alma que nadie te saca. Nadie.
Porque claro, es así como eres, es así como funcionas. Como si estuvieras destinado para estar en soledad, volviste a mirar al cielo que no era cielo y te diste cuenta de lo solo que estabas.
Una vez más apagaste la luz.
Claro, no era lo que esperabas, no era lo que querías, pero la desesperación lo ameritaba, después de todo... después de todo, nadie sabe lo que te depara el sentir. Porque mañana sin lugar a dudas puede ser peor.
Y es siempre muy probable que así lo sea.

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