Desencantos del otoño,
el verano nos engañó
y nos dejó un favonio:
el verano nos despojó.
Aquel cielo complicado que soñé,
luego descubrí que no podría ser.
Escarnio de la sangre propia,
deseos que quedan en inopia.
Vientos rudos quería conocer,
en los cielos vi esperanza crecer;
pero de un mal deseo nada nace,
en canto de guerras no hay...
no hay desenlaces.
Pero el deseo aun moribundo es justo,
y el recuerdo todavía es robusto.
En las almas de los desahuciados,
tras las tumbas de los aniquilados,
escucho el clamor y el llanto;
penas que no tienen descanso.
Y que aunque el verano engañe,
y que aunque el otoño nos rechace:
el grito será quien críe el viento;
y el sol nos dará todo el aliento.
Aliento que solloza,
Aliento que esmera.
Sol que alumbra,
Sol que nunca penumbra;
pues no existen lunas en nuestras prosas.
Prosas que cantan y que están atentas,
prosas malas, feas y horribles.
Prosas que siempre nunca desapercibidas,
y prosas que en sus verdades alimentan.
Prosas que se esconden en verso,
prosa que confunde al perverso.
Prosas inquietas y nunca apacibles,
y prosas que nos volverán a regalar
la vida.
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