Nublado.
Al menos así recuerda el comienzo mi cabeza, mi mente.
Los sentidos adormecidos, sentidos que crecen y despiertan. Veo, hay luz, es un día complicado. La gente avanza, camina, pero con el ceño fruncido.
Enojados estábamos todos.
Todos.
Todos.
Absolutamente todos, aunque no creyeras en aquellos; todos, aunque creyeras con optimismo.
Nunca vi una ciudad con tanta rabia.
Apaleabas mis creencias con tus palos, pero mis creencias eran más; los creyentes eramos más, los que imaginábamos, los que ideábamos, los que queríamos un futuro.
Pero yo no veía.
No veía.
Nublado.
Y avanzábamos.
Todo estaba mojado aunque la lluvia no había llegado, había cierta rabia en nuestros corazones.
¿Cierta?
No, no...
Y mirabas las caras, seguías mirando.
Ceños fruncidos.
Cajas llamadas cuerpos llenas de mentes hechas de ira.
Tus ojos me lo decían, tu sueño me lo contaba. Que te estaban matando, que no querías dormir, que no querías dormir.
Y no me dejaste gritar.
Ni tú.
Y no me dejaste gritar...
Lo oscuro se hizo más.
La neblina asfixiante se hizo más espesa, las miradas de todos se hicieron más desafiantes.
Y empezó la guerra.
Nosotros contra ustedes. No, eso no es correcto: el mundo contra ustedes. Ni siquiera eso; el mundo contra ti.
Y en la noche congelada el fuego se alzó con fuerza,
y en la noche asfixiante se hizo el ruido.
Dios volvió a crear la esperanza.
O tal vez fuimos nosotros mismos a falta de uno.
Esperanza acompañada de un poco de odio, de un poco de rabia. Y el ruido se hizo más fuerte.
Y pasaron los días.
Pasaron los días desde aquel fastidio de día. Aquel día de los que tenemos memoria no olvidamos (¿cómo olvidar tu primer beso?; ¿cómo olvidar la primera vez que con tal ahínco quieren liquidar tus convicciones?).
Y que aunque todo salga mal, aunque muchos vuelvan a perder la esperanza, recuerdo yo, que nunca he albergado tal cosa en mi corazón o en mi mente.
Se trata de Convicción, con mayúsculas.
Se trata de Convicción, de aquello que crees.
Se trata de Convicción, aquella que va sin fe, sin esperanzas. Aquella que subsiste por existir.
Se trata de Convicción, de que sueñas con un cielo azul para todos.
...
y que la lluvia sea mañana, para el descanso, para celebrar las victorias.
(Y la noche sigue nublada.
Pero la convicción terrible que quedó en todo, el apoyo inesperado y los sonidos de guerra...
... se sentía como una noche estrellada. De luna.
Al menos así recuerda el final de aquel día mi cabeza, mi mente, mi corazón).
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