Cuesta creer que haya vivido tanto tiempo hasta el día de hoy sin haber caído en algún tipo de vicio. Es decir, cuando algo malo ha pasado, siempre he evitado o asumido de la manera contraria a la que haría el protagonista de una historia; de pequeño lo que me hacía mal lo empujaba lejos de mi, y ahora se ven las consecuencias de ello. Luego, ignoraba dichas cosas -lo cual de las tres situaciones que van con esto, es la mejor inmejorablemente-, pero duró poco porque después aprendí a asumir.
Pero aprendí a asumir no como un humano lo haría, sino que como un idiota.
Es decir, aprendí a asumir lo malo, lo bueno, lo neutral. Todo en mi, no negaba nada y lo aceptaba todo. Al aceptarlo todo me di cuenta como poco a poco empezaba a negar las cosas buenas.
A negro.
Hay muchas personas que dicen que todos nos relajamos durante las relaciones. Eso es falso a medida que creces, porque ciertamente tu mundo no gira alrededor de la otra persona (siempre y cuando no sea una asquerosa relación tipo vainilla. Digo asquerosa por la envidia), y porque ciertamente uno debiese pensar. Aunque no niego que haber tenido equis o y pareja me haya ayudado a sentirme mejor, porque ciertamente sería una persona exageradamente agria si no fuese porque gracias a esas personas aprendí que puedo ser -algo- dulce.
Y claro, siempre ando sonriendo, como se lo he dicho a la gente, y como me lo he demostrado a mi mismo. Más adversa la situación, más sonrío, más tensa la situación, más sonrío.
Weird smile.
Blanco teñido de negro.
De alguna manera entonces, empecé a fracasar rotundamente. Fue en algún punto de mi vida. De hecho, en una pseudo-relación que tuve, me terminaron cortando de manera agria, pero no pude responder sino que con una sonrisa y buenos deseos para esa persona.
Y mi reacción no fue normal, considerando todo el daño que sentía mi corazón.
Claro.
Era natural; yo no valía la pena. Y todavía lo pienso.
De hecho, aunque me guste, muchas veces me dicen que soy tierno o dulce, pero no vale la pena, porque al final siempre es solo como voy a estar: no soy lo suficientemente nocivo como para causar cierta fascinación, ni lo suficientemente agraciado para los mismos fines, al final soy una piedra más para que las personas sigan subiendo, un soporte, solo una persona que piensa sola y que vive una vida sola. Luego de pensar eso me dan ganas de aislarme, pero desgraciadamente en un mundo como este, y con sueños-aspiraciones como las mías, me es imposible.
Quizás el error sea tener las puertas abiertas.
Quizás el error sea la misma existencia.
Lo bueno es que de cierta manera voy perdiendo las ganas. Perder las ganas y luego perder la fe. Es bueno, buenísimo; no me van quedando ganas de mi, no me van quedando ganas del mundo.
Porque si hay algo que he aprendido es que soy fuerte porque soy débil; soy fuerte porque soy menos. Sé que la vida de uno es más, no menos cero. Pero así me siento, y ahí encuentro fortaleza. Soy muchísimo más feliz esperando lo peor que esperando lo mejor. Porque a veces las casualidades te sorprenden, a veces una confesión sin esperanzas te puede salir bien. Es mejor así, sin fe, sin esperanzas, pero avanzando. El mundo te sorprende más y de ver a colores, descubres que la escala de grises tiene cierta connotación positiva porque el mundo no es de colores, sino que son aquellas cosas inesperadas -detalles-, las cosas que dan aquel color.
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