El sonido de la música que la gente escuchaba autistamente en la locomoción colectiva me dio cuenta de cuan solo me encontraba en ese momento, pero a la vez la misma música me contagiaba. Jugué a adivinar qué escuchaba cada persona, y me sorprendía cada vez que veía a un joven sin escuchar música. Un espécimen, eso era. El sonido de los motores se hacía más fuerte...
Las casas cambiaban de forma. Conjunto de departamentos, conjunto de casas pareadas, conjunto de casas solas. Por una misma calle era todo tan distinto... y entonces me bajé, fueron como tres o cuatro paraderos antes y diablos, no sabía por qué había hecho eso.
Pobre criatura de dios.
Cuando miré al cielo, estaba todo igual al que vi al salir de mi casa. El frío eso sí, era peor. Es como si acá estuviese aun más solo. Bueno, qué se le va a hacer.
La vida debe continuar.
The Show Must Go On.
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