La verdad es que te vi, a ti y a tu oscuro pelo moverse bajo el gran abrazo del tiempo y de los vientos... pero la mayor verdad es que me enamoré de ese momento, de esa ilusión, y de esa imaginación.
Y las palabras trascurrieron de una manera vertiginosa, volátil. Todo se hizo confuso, una llamada por teléfono, una bocina que sonó muy fuerte, y millones de réplicas entonces. Sirenas, y el agua del río que se alborotaba, agua de una pileta que se salía de su cauce y los árboles que se caían de su firmamento. Pero nada de eso era verdad.
Más así transcurrió todo en esa complicada mañana de un caluroso invierno.
Al día siguiente nevó. Por supuesto, el calor se fue tan rápido como el recuerdo de una ordinaria vida.
No podía ser de otra manera.
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