martes, 19 de julio de 2011

Serenata

De renacer sueles hablar, pasiones que asoman por tu boca y emociones que no mueren sino que al dormir y no soñar. Te vi relampagueante, te vi llena de vida, como si fuera la fantasía de un sueño, una película o la de alguien que escribe. Aprendí entonces a observarte, dejar de mirarte y a quererte.
De ojos que quitaste te alimentaste. Fuiste feliz y la sonrisa que usualmente traes se hizo aún más pura y sincera, se hizo aún más grande y de ganas. Blanca piel que te cubría dejó de ser pálida aún siendo tan blanca, e incluso el reflejo de tus ojos quiso ser un poco más vivo. Como si se tratase de magia, aprendiste a ser más feliz, y a aprovechar un poco más el día. De renacer sueles hablar.
Eran tiempos sin contrastes tan notables, y un blanco o un negro se hacían notar mucho en estos tiempos. Pero así mismo, nadie se daba cuenta de los extremos, así como el hielo más helado quema, y el fuego más candente también quema; era un mundo de desconocidos, donde las diferencias te hacían más desconocido y donde ojos y oídos faltaban. Pero no para ti, tuviste suerte. Tu oscuro pelo ondulaba con el furor de la brisa del mar.
Los pies se te mojaban muchas veces.
Pero te reías, después de estornudar.
El sol nunca bajaba. Aquella lluvia de alegría la verdad es que nunca escampó. Se hablaba como si fuera en realidad un sentimiento universal, o alguna estupidez del estilo. Pero bueno, eras tú, un extremo, un hielo o un fuego, blanco o negro, un emblema, hielo y fuego ahora... y el único reflejo de mis ojos.
No podía ser de otra forma.

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