Extrañamente, he sentido como las cosas avanzan y todas las tiendas se van quedando más vacías. No hay necesidad, al menos en aquel pueblo, ya no hay cosas que se requieran más.
Como en verano, como si supieras que siempre lo será; aquel saber que nunca más necesitarás abrigaros. No frío, no nieve, no más nubes bajas rodeadas de fríos invernales o de un putrefacto otoño, o de una rara primavera.
Gente desaparece. De vez en cuando un cliente llega y pregunta, o toca puertas. Se sale, se atiende con alegría, pero a la vez sientes como todo aquello es efímero. Y claro, se va. Vive en otro mundo.
Aquellos que son necesitados, y aquellos que no son necesitados. En este caso el mundo se puede dividir así. Bueno, tal vez sea porque existe un polo sur y un polo norte. Aunque no es consuelo, en esencia, en necesidades, las cosas son parecidas.
Llega un punto en que te da rabia, en que te molesta, y te dices: ¿por qué has llegado hasta acá?
...y claro.
Todos cambian aun cuando la esencia es la misma.
Pero yo estoy estancado.
Que se aleja, que se va. Historias y cuentos de añorar, pero no es más que una ilusión...
Indeed.
Así como después me digo a mi mismo, hora de un toque distinto, de tratar de hacer algo nuevo. Crear sin quemar. Es difícil, es vergonzoso, pero no hay remedio. No es como que quiera cambiar, mi solución personal es crear.
O tal vez no lo quiero ver.
(La solución, digo)
Pero no importa.
Hoy es noche de guerra.
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