Aquellos lugares y momentos en que gustaba de los colores claros.
No es muy típico o común de mi, pero, eso existió. Raro, raro. De la vida, todos pueden saber mucho de mí, y que dentro de lo que ocupo, existen primordialmente colores de invierno, pero yo también fui...
Bueno, soy. A veces.
Supervivir.
Algo que me marcó. Obvio, claro. Supervivir. No lleva tilde y son dos palabras, pero que sin embargo corresponden juntas. Sí, más que sobrevivir. Eso es lo que hago. Nefasto, triste. Masoquistamente adrenalínico.
(Y el punto corresponde allá arriba)
-Mente en negro-
A veces pensar en colores, en letras o en ideas es reconfortante. De alguna forma, me siento yo; como si la esencia de lo que yo fuera formado no ha cambiado.
Y giras, giras en torno a todo lo que es mi mente.
Es más fácil de conquistar, así dicen. Como la relación entre un pueblo y su gobierno. Entregar desesperación y luego entregar preocupación. Todos felices. Falsos.
Pero funciona.
Y por eso a los falsos muchas veces se les teme más que a los verdaderos, puesto que un impostor... puede ni siquiera conocer la forma de arreglar las cosas de manera correcta, entre muchas otras cosas.
Siento como si me faltase un vaso de cerveza.
El aliento de la noche a veces es cruel.
Ser un animal de la vida, ser una cosa que observa todos los días. Ser alguien que piensa. Ser alguien que hace caso y que no hace caso. Ser un oportunista y tomarlo con una dualidad entre un insulto y un halago. Ser una persona dual, ser alguien que... conoce sus raíces.
Ser un adicto a los puñetazos mentales.
Esa clase de persona soy.
O tal vez estoy mintiendo.
El desierto es amplio. Y no quisiera estar en el. En cambio te lo doy por un campo amplio, para correr, para olvidarme de todos ustedes, cosa que jamás haré, para cumplir mis sueños.
¿Ves?
Son puras mentiras.
Pero no todo.
Todo esto, entre recuerdos, conversaciones (tú y yo, blog, mente y mirada), me hace recordar que no he llorado hace siglos, y que no tengo la necesidad de hacerlo. De alguna manera siento que me he revertido un poco, soy algo más inmaduro que antes.
Será por eso que estás lejos.
Pero al contrario de aquel entonces, tengo la mirada más directa. Amo el fuego, amo la creación; aunque la melancolía se plasme en mi forma de ser, yo, no dejaré de mirar hacia adelante. Porque me di cuenta que soy la clase de personas que se hunde, y por eso, no lo haré como se pretende. Elijo seguir.
Levantaré la voz, y si la voz me llegase a faltar, seguiré levantando mi mente. Todo medio es válido.
Porque esto es una guerra, aunque mi desierto no me guste, es lo único que me ha acompañado. Y siempre seré un agradecido de esos oasis que nunca fueron mentira.
Siempre, seré un agradecido de aquellos turbulentos días de lluvia que me han permitido seguir.
Claro, supervivir cansa. Mucho. Porque no es humano, porque todo cuerpo tiene sus límites. Aun así, cansar no es sinónimo de rendirse.
Hay que ser bien idiota si se eligió seguir para rendirse a medio camino.
¿Colores? Bueno. Al final, supongo vagamente, que en guerra uno nunca ocupa colores llamativos. Supongo yo, con un dejo de duda, que los colores son para los carnavales de victoria.
So, me adentro en los suburbios.
Nada ha terminado, todo continúa.
Pero con esto me conformo por ahora.
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