miércoles, 4 de abril de 2012

III

Saltarse algo es bastante extraño.
Bueno, creo que no soy sonámbulo. Pero probablemente tengo un problema, o algo por el estilo. Es como si hubieran pasado muchas cosas, pero al menos estoy bien. En realidad no.
Nada bien.
Siento que han pasado hartas cosas, insisto.
Demonios...
Agua.

Alguien tocó el timbre. No insistió ni yo abrí. No era necesario. Nada de eso era necesario. Era día de no hacer, y en el piso estuve, mirando al cielo. Me di cuenta de mis errores, después de todo, yo nunca me he aburrido, nunca he escapado de mi mismo, pero nunca he tocado ese pensamiento. En cierto modo, estaba en una maratón de la cual no sabía que era partícipe. Te miraba como ficción, como algo ajeno. Supongo que así no era.
Después de todo, yo soy el que está acá. Es como si yo fuera el propio escritor en mi mismo; como que si esto fuera un pedazo de ficción que yo estuviera relatando.
Y es que nunca le había tomado el peso.
Peso de mis acciones, peso de tus acciones. Peso de nuestros pesares.
Acarrea la basura.
El peso de los sueños es horrible. Darse cuenta de que lo que se quiere ser te hace así. Claro, dispuesto a lanzar la propia felicidad. Puede ser cínico, no sé, pero es como si fuera lo correcto. A veces, me digo, y sobretodo últimamente que he estado mucho más solo, podría usarme a mi mismo como pieza de ajedrez. Y es que claro, por eso he rechazado a toda persona que quisiera compartir algo conmigo.
Porque de todos modos, terminaremos solos. Se siente el alma incompatible con el mundo.
Pero todo avanza, y la gente se va. Es como que de cualquier modo, nunca se la han jugado por ti.
No importa.
No es como que alguien con el presente pensamiento valga la pena.
Siento dos horribles dolores. Uno en mi estómago y otro en mi cara.
Nuevamente, el peso de los sueños es horrible.
Después de todo, voy en un carril, carril que no aguanta más cosas, trenes o personas. Me pregunto si aguantaré, o si lograré cumplir las cosas que quiero. Pero, aunque me importe lo otro yo...
Demasiado falso.
Por eso amo y temo a la gente verdadera, a los genuinos. Porque aunque mi personalidad sea genuina, mi querer no. Mis sueños no. Prestados, aquellos del querer ser. Por eso dudo. No, no es que dude...
Me lamento.
Esa es la palabra.
Esa es la condena.
Ah.
Eso era.
Eso pasó.

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