jueves, 19 de abril de 2012

(Siete que es borrador)

Una entrada emotiva hizo en el vestíbulo. Era, claro, alguien que no esperaban
Alguien a quien dieron por desaparecido.
Y entonces una luz se iluminó en sus corazones.
Pero la verdad había sido otra en su corazón: le habían dejado solo. Y claro, si lo ves desde allá... le habían dejado solo. A la voluntad del destino, al flujo del viento. A la muerte certera.
Pero sin embargo acá estaban. Vitoreando.
Y él, con lágrimas en los ojos y el corazón sangrando, queriendo golpear a todos y largarse.
Pero en vez de eso, dijo:
-Nunca los perdonaré.
El silencio se hizo absoluto.
Todo el mundo cayó en cuenta de su error. Y el que más culpa tenía, y la única persona que se había puesto a llorar cuando llegó, "- la única persona que... -" pasó por la mente de aquel herido personaje, le dijo perdón un millón de veces.
Le sonrió.
Sabía que era su único amigo.
-A ti te quiero...
Y prosiguió.
-Seguiré mi propio camino. Mis noches serán mías, mis dolores serán míos y por ende mis alegrías también. No se alegren cuando lleguen, no se percaten de mi muerte, no lloren mi ausencia. No lo merecen, así como no los merezco a ustedes.
Era una persona poco acostumbrada a hablar, pero prosiguió.
-Acá hay solamente una persona que puede hacer todo lo anterior. Tal vez dos. Pero... ustedes son de acá. Mi camino es el mío, y yo decido abandonarlos. Yo decido odiarlos, ustedes deciden odiarme. Yo decido amarlos en la distancia. Lo que me han hecho es imperdonable, pero la virtud del pasado es gigante...
Y mientras caía una lágrima por toda su manchada cara:
-Y a todos ustedes consideré mis amigos.
Se dio vuelta, mientras dijo:
-El amor no necesariamente siempre gana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
;