Como si fuera una promesa, el cielo no desvaneció. Era tarde, y mis ojos se encontraron con los tuyos... fue inevitable mirarte. Rompí la promesa.
El cielo desvaneció.
Y entonces había encontrado a aquella persona, aquella importante.
Esos ojos tan dominantes.
Tan inalcanzables...
Tan inalcanzables que te encontré. Tan inalcanzables que llegué a tocar el sol. Tan inalcanzables que pillé tus flechas y no hacían daño.
Pero...
Pero el cielo es infinito, y así lo era tu personalidad.
Una tormenta, un huracán. Un rayo que quema y que congela. Una tempestad que no deja a nadie vivo.
Ni a mi.
...
Pero de locuras vivi, y sin arrepentimientos por mi. La verdad es que si de algo me arrepiento es de no haber hecho quizás lo suficiente.
Amargamente debo confesar que quizás fui insuficiente desde un comienzo.
Y que de sueños no se vive.
Era la tonada de una tarde helada. Un mes que pasó con desesperación mutua y con los ojos mirando a través de un cristal. Una temporada hermosa. Algo que nunca dejará de pasar.
Y porque tal vez, sin ser la mejor persona que haya conocido...
...
fuiste el sol que más quise alcanzar.
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