A veces sentir de más te hace mal para los dedos.
Mientras el sufrimiento hace que te sientas más vivo en tu mente, mucha iluminación (siempre en escala de grises, claro) puede hacer mal.
Y tanto, no tenía ganas de nada.
Sigo teniendo ganas de nada.
Lo bueno es que el calor se va, y mientras se va, se aleja el sol. Y... ¡cuánto me alegro de que te alejes!
¡Cuánto me alegro de no volver a verte!
Símbolo de dioses, de frutos y de vida; para mi aquello no es sino que muerte. Y no es sino que en las épocas contrarias donde me encuentro conmigo, me siento feliz y más satisfecho. Pues, esa es mi realidad.
Equinoccio del letargo, del sueño, de la recuperación y de las hojas que crujen al pisar.
La pluma y el tintero están como nuevos.
Este invierno será mucho más frío, pero no hay mejor aventura sino que la que tienes cuando ya has tocado el fondo... y sentir como tus mejillas se cortan ante el viento congelado de un clima y un ambiente que no perdonan.
Que yo tampoco perdono.
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