miércoles, 7 de septiembre de 2011 0 personas que se atrevieron a opinar

Inconsecuente

Una voz que no tiene ritmo ni melodía. Casi robótico, casi mecánico, pero la verdad es que inclusive lo robótico tiene un sentido, una progresión, un ritmo metálico.
Cuesta mucho a veces decir cosas que uno no quiere, o que circularmente cuestan; decirle no a alguien que no quieres decirle no, aceptar de alguien que no querrías aceptar nada... como un suicida que está obligado a vivir.
Bueno o malo, depende del lado de donde estés. Dicen que la hierba es más verde desde el otro lado, lo cual comparto. Aun así, me quedo con una cosa que a casi todos se le olvida:
Empatía.
Si alguien habla con un tono, debe haber alguna razón, inclusive de que esa fuese su voz de nacimiento. En el punto, es que por ejemplo, hay gente que dice detestar la inconsecuencia. Yo soy uno, y de hecho es el menos, es el defecto que tal vez más odio, o en otra forma, detesto.
Pero...
Muchas veces me cuesta aceptar un montón de cosas, sin embargo algo de empatía tengo. Es difícil, sobretodo con esa clase de cosas. Ñoñamente podría decir que es como un pokémon fuego le tratara de ganar a un agua. Al final quiero decir que hay un deseo innato de hacer las cosas más justas en todos, pero hay personas que juzgan por juzgar sin tratar de ponerse en el lugar de los otros. O sea, puedo sonar altanero o algo así, pero es por eso que por ejemplo yo pueda tener amigos tan radicalmente distintos a mi.
Una persona puede actuar muy inconsecuentemente, pero eso no amerita que haya de ser juzgado porque sí. A veces el odio y la altanería sobra demasiado. Llega a ser triste como la gente habla tanto de más y después se queja con un "por favor, entiéndeme". En fin. Uno es lo que es por las elecciones -a parte de experiencias; elección y experiencia forman parte obvia de una cadena inseparable- que ha hecho en su vida, y yo al menos no conozco a nadie que no haya roto una promesa, aunque sea moral, consigo. Eso es inconsecuencia también. Lo más terrible es no entender, o no comprender.
Es lo mismo con la gente que detesta la traición...
Bueno, es casi siempre la misma mierda.
domingo, 4 de septiembre de 2011 0 personas que se atrevieron a opinar

Invierno

Oh maldito, oh añorado, oh detestable.

... de luces que terminan separándose horrible y hermosamente en un cristal.
De eso se trata.
Es
la
desgracia.

Un sonido de guitarra ahogada, la voz que se eleva en un parque nevado,
en el cual no hay nadie.
Nadie.

Excepto tú.

La noche llega más temprano. Se tiñe de blanco, de gris. Las negras sombras son más negras.
Me siento más cómodo, sí.
Pero es más terrible. Es como la luz.
Se separa de manera hermosa,
de manera terrible.

Doy un grito y el eco se expande hacia el infinito.
Infinito que no sé si alguien escuchará.

Una nueva nota,
nueva mañana.

Una gota que cae desde el sol.
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Santiago

Han sido días súper inquietantes. Santiago, mi ciudad natal, el lugar donde vivo, cada día está más gris. La gente, las miradas, todo tiene un matiz más triste.
Creo que hemos aprendido a sonreír cada vez menos.
A odiar más.
Si bien nunca me he sentido habitante de esta ciudad, las jaulas grises hacen la vida tener un brillo inexistente en los ojos, sí me siento responsable, inevitablemente.
O sea, sería sorprendente, pero de cada muerte que he leído me he entristecido. De cada accidente nefasto mi garganta se arma de un nudo. De cada intransigencia nueva una rabia... de cada injusticia un enojo. Reconozco parecer enojón, duro, antipático y un sinnúmero de adjetivos más, pero si no fuese así, no podría sobrevivir en esta ciudad hostil. Oh, Santiago de Chile.
Hace tiempo no compraba un pan de supermercado que tuviera un sabor tan rico. ¿O es tal vez que no he comido nada?
Vida, si te pudiera pedir algo sería más fuerza, y que me liberes del sentimiento de odio.
Se me viene a la mente una canción...
"Yo sé que a nadie le interesa / lo de otra gente con sus tristezas".
Supongo que tiene algo de razón. Soy de los 90's, soy de los 00's, tengo más de 20 años y puedo decir que... cada vez la capacidad de odiar es tan rápida que me llega a dar escalofríos. Como la de olvidar, como la de dejar de lado.
Supongo que siempre ha sido así.
Pero te aseguro mundo, que yo al menos, siempre me he sentido culpable o responsable de eso... bueno, bajo esa disyuntiva, en todo lo poco que he vivido, si me dices que si soy un más o un menos... yo soy un menos. Siempre pierdo, el mundo es absurdamente grande, no es como que pudiera hacer algo. El veneno me mata.
Pero lo intento.
Danzar en un museo debe requerir valentía; sonreír en un mundo gris toma mucha más energía que la de los llantos de una muerte.
No lo puedo negar, cuando me han visto solo, de imprevisto, suelen encontrar en mi una mirada triste, sumergida en quizás que libro, pensando en el subconsciente tal vez qué cosa. Sin embargo miento. Sueño y miento, yo mismo soy un cobarde que trata de superar aquellas trancas. Para serte sincero, en este tiempo no hay más de tres o cuatro personas a las que le podría decir en esos estados como verdaderamente estoy.
Porque tal vez tengo miedo, y tengo la certeza de que en el fondo, preguntan superficialmente. Pero aún así, no debiera tener miedo.
Nuevamente otra desgracia, otra estupidez, otra tontera, otra estupidez y tontera.
Es como si el círculo de tonos grises nunca parase de crecer en esta ciudad, los edificios más altos crecen, más tapan la luz del sol, más interrumpen nuestras miradas, más nos hacen sentir soledad, aquella de una sonrisa jamás devuelta, aquella de una persona que ama no correspondidamente a sus pares.
Sueña, miente, vuela.
Inevitablemente suena Santiago de Chile.
Inevitablemente te quiero ver sonreír más...

En ti, siempre hace frío.

Chao.
 
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