domingo, 4 de septiembre de 2011

Santiago

Han sido días súper inquietantes. Santiago, mi ciudad natal, el lugar donde vivo, cada día está más gris. La gente, las miradas, todo tiene un matiz más triste.
Creo que hemos aprendido a sonreír cada vez menos.
A odiar más.
Si bien nunca me he sentido habitante de esta ciudad, las jaulas grises hacen la vida tener un brillo inexistente en los ojos, sí me siento responsable, inevitablemente.
O sea, sería sorprendente, pero de cada muerte que he leído me he entristecido. De cada accidente nefasto mi garganta se arma de un nudo. De cada intransigencia nueva una rabia... de cada injusticia un enojo. Reconozco parecer enojón, duro, antipático y un sinnúmero de adjetivos más, pero si no fuese así, no podría sobrevivir en esta ciudad hostil. Oh, Santiago de Chile.
Hace tiempo no compraba un pan de supermercado que tuviera un sabor tan rico. ¿O es tal vez que no he comido nada?
Vida, si te pudiera pedir algo sería más fuerza, y que me liberes del sentimiento de odio.
Se me viene a la mente una canción...
"Yo sé que a nadie le interesa / lo de otra gente con sus tristezas".
Supongo que tiene algo de razón. Soy de los 90's, soy de los 00's, tengo más de 20 años y puedo decir que... cada vez la capacidad de odiar es tan rápida que me llega a dar escalofríos. Como la de olvidar, como la de dejar de lado.
Supongo que siempre ha sido así.
Pero te aseguro mundo, que yo al menos, siempre me he sentido culpable o responsable de eso... bueno, bajo esa disyuntiva, en todo lo poco que he vivido, si me dices que si soy un más o un menos... yo soy un menos. Siempre pierdo, el mundo es absurdamente grande, no es como que pudiera hacer algo. El veneno me mata.
Pero lo intento.
Danzar en un museo debe requerir valentía; sonreír en un mundo gris toma mucha más energía que la de los llantos de una muerte.
No lo puedo negar, cuando me han visto solo, de imprevisto, suelen encontrar en mi una mirada triste, sumergida en quizás que libro, pensando en el subconsciente tal vez qué cosa. Sin embargo miento. Sueño y miento, yo mismo soy un cobarde que trata de superar aquellas trancas. Para serte sincero, en este tiempo no hay más de tres o cuatro personas a las que le podría decir en esos estados como verdaderamente estoy.
Porque tal vez tengo miedo, y tengo la certeza de que en el fondo, preguntan superficialmente. Pero aún así, no debiera tener miedo.
Nuevamente otra desgracia, otra estupidez, otra tontera, otra estupidez y tontera.
Es como si el círculo de tonos grises nunca parase de crecer en esta ciudad, los edificios más altos crecen, más tapan la luz del sol, más interrumpen nuestras miradas, más nos hacen sentir soledad, aquella de una sonrisa jamás devuelta, aquella de una persona que ama no correspondidamente a sus pares.
Sueña, miente, vuela.
Inevitablemente suena Santiago de Chile.
Inevitablemente te quiero ver sonreír más...

En ti, siempre hace frío.

Chao.

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