domingo, 23 de octubre de 2011 1 personas que se atrevieron a opinar

Juramento

Cuesta pero es tan fácil decir y hacer algo que vas a olvidar y romper con tantas... ganas.
Lo terrible es que volver a mi es fácil. Un par de palabras y listo... supongo que tiendo a ser un asco de persona, pero no con el mundo; sino que conmigo mismo.
Solo queda tomar el libro y leerlo de nuevo desde cero. La paciencia da frutos, y sin dolor no se gana nada. De ahí al resto, han de nacer muchas cosas. Claro, lo sé. He visto muchas veces como las cosas acaban y mi experiencia, aun tan corta como lo ha sido, jamás ha sido en vano.
La mañana de un día nuevo siempre despierta con muchos ojos ya abiertos. El tiempo queda en las alturas y todo ha de ser entonces un vértigo que no para... un vértigo que desde el inicio ha sido un vértigo.
Vidas que se van.
Elegir avanzar.
Perder el tiempo otra vez.
Perdernos a nosotros mismos.
viernes, 21 de octubre de 2011 0 personas que se atrevieron a opinar

Fallar

Yo he visto como las aves vuelan.
También he fallado miserablemente.

Cántico de muerte, el ala nocturna se eleva suavemente. No pienso en mi, sino que miro, y mientras miro, me desespero en la mirada. Todo, todo abajo se ve destruir. Fuego, mares y aceras solitarias.
La gente ya no existía.
Los párrafos se hacían más cortos...
Ahora pienso en mi, pero nunca me observo. Me da miedo, sé que es detestable. La luna no entrega de su luz, luz prestada. Las nubes tapan el horizonte o eso imagino. El grito del silencio en un mar de fuego se hacía cada vez más estruendoso. Pena, pena. Quería volar lo suficientemente alto como para que la oscuridad no alcanzara con tal fuerza mis alas, pero era imposible. Dolía mucho tratar de subir más. Aún así lo intente, y me encontré con un enorme rugido amarillo. Naturalmente me tuve que quedar en este escondido cielo. Yo, miserable, yo, que no podía siquiera escapar.
El mundo me hablaba, pero no podía entender. El caos mental y la vertiente de cosas que ocurrían impedían cualquier trato de entendimiento con cualquiera otra cosa que intentara tener contacto conmigo. Luego de años pude entender:
Pequeño.
Muy pequeño...
Tú no puedes derrotar la desesperación,
pero sí puedes,
siempre,
pararte
y
tratar de no ahogarte.
El viento me arrastró a volar hasta abajo... observé como la tierra en caos hundía a una hormiga en agua.
Observé como tal vez pereció.
Pero... observé como corría hasta el cansancio.
Aunque no avanzara, aunque al final se quedara ahí mismo.

Los párrafos del mundo se hacían todavía más cortos.
La luna no apareció nunca más. Y entendí porqué la desesperación no puede ser derrotada.
Pero entendí mucho más el por qué no me debo ahogar.
martes, 18 de octubre de 2011 0 personas que se atrevieron a opinar

Suburbio mental

Si cuesta encontrar el norte, es algo absolutamente cierto.
El trayecto del vuelo y las miradas siempre se tornan rojas y azules cuando han de mirar algo. Detalles, individualidades y mundos enteros. En todo, la perdición, en la perdición miramos el norte, pero en el norte encontramos que es aquel el camino equivocado.
Que añoramos por aquello que se ve imposible.
Manto de una ceguera que es más que nada un "ganas de no ver" nos hace perder el rumbo. No es norte, no es sur, no es oeste, no es este. Es de lo que queremos. Es de lo que no queremos.
Y alcanzamos la adultez corriendo.
El momento en que dejas de jugar, el momento en que dejas de imaginar en el juego. Dejas de pensar y lidias con aquello que escogiste, desde aquello que escapaste. En el fondo nadie deja de jugar cuando una madre dice que es hora de dormir, en el fondo la mente siempre vive. Vive hasta que lo deja, vive hasta que entra esa semilla. Perder el norte.
Arrancas, corres. Dejas de gritar, estás asustados. El puto suburbio.
La mente que con un adagio se da cuenta de que no hay que darse cuenta. El status quo maldito con uno mismo. El tono y melodía que nunca perdonan. Y es en este momento en que las vidas se te van.
Te alejas, te das cuenta de que es el techo, de que el cielo es demasiado alto, de que no puedes volar. De que ya no quieres intentarlo. Aquello que te bloquea es ahora tu hogar, y es como si nunca pelearas de vuelta.
Bueno, así es.
Los votos de confianza ya no existen ni contigo mismo.
Fuerte, confianzudo y mentecato con un tono de persona que tuvo alguna vez la sangre herviente y luchadora, el tono prestissimo de una composición de guitarra eléctrica ya no es para tí: débil, quejumbroso y de mucha razón.
Te comió el suburbio.
Tu mente le ganó a tu corazón.
 
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