Soy lo peor.
Al menos, eso lo sé.
Del sentido y de las cosas que ocurren, cuesta hallar la causa, considerándose esta como una verdad absoluta. Digamos, al final de cuentas todo es relativo...
Y por eso mismo, me cuesta aceptar un "yo" bueno. Ende, soy lo peor. Claro, puede ser muy radical.
Pero esa clase de persona soy yo.
Autoritario conmigo mismo, libre para el mundo.
Obediente de las cosas que pasan de manera permanente por mi mente y en las que mi alma confía, seguidor de los instintos (y mecanismos absurdos) del corazón y de los que el espíritu fomenta.
Puede sonar estúpido, pero es una verdad personal.
En el aire, en el aire.
El cielo es el límite...
Pero no podemos volar. Sin embargo, intentamos hacerlo. Comprender, seguir corriendo como ignorantes e idiotas humanos.
Pero eso nos hace ser nosotros. Pecar sabiendo que estamos haciendo cosas mal. Pecar contigo mismo, pecar con los demás.
Digamos, ¿cuánta gente has dejado de lado por hacer cierta cosa? mira hacia atrás y te darás cuenta de toda la gente que no hiciste caso cuando tal vez te necesitó. He ahí pecaste. Al demonio con los dioses y demonios. Pecaste contra tu carne.
Y ahí, pasas a ser de lo peor.
Pero existe otra alternativa de serlo. Dentro de tu libertad, hay una máxima que dice que esta es válida mientras no pases a llevar la del otro... ¿qué pasa cuando te pasas a llevar a ti mismo?
Un ingrato.
Y claro, lo haces todo. Te crees súperman.
Terminas destrozado.
Y es inevitable.
Al menos para mi. No soy fuerte, ni mucho menos...
Y cuesta mantener el sentido, cuesta mantener la pista de lo que debiera o tendríase que ser. Tendríase puesto que... bah.
No tiene sentido a veces.
Dicen que los ángeles son originalmente buenos. Perfectos en su ser. Puede ser verdad, aunque no existan. Los humanos somos malos, de una u otra forma, ya sea con los demás o consigo mismo; poniendo a los otros bajo el manto de la ignorancia (para uno), o haciéndose un daño atroz e irreversible. Pero sin embargo muchos intentan ser altruistas... y es en ese entonces cuando esa ingratitud, esa maldad del ser propio pasa a ser algo loable. Algo lindo. Algo aunque incorrecto, correcto. Una verdad personal. Una justicia propia.
Y eso es algo, que no me gusta que me cuestionen.
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