Agotado, es poco el tiempo que queda para el despertar. Un cielo enorme se escapaba afuera de lo que se sentía acá, pero el interés en verlo era nulo; solo quería descansar. Solo quería un poco de pasto y dormir relajadamente, como solía hacerlo antes: sin preocupaciones, siendo el más simple de los simples.
Originalidades van, pero cuesta mucho que vuelvan.
Y así el tiempo de aquello pasa desesperadamente rápido. El sol y el sueño de una estrella. El calor de una primavera ahogada por el calor de verano se hacía sentir más. Añoraba con el frío del norte, añoraba con la paz del sur, aquella dualidad nunca lo dejaba estar tranquilo. Era inevitable por decirlo así: es de esa manera por la cual la estructura de su pensar se configuraba. Y observó un destello plateado por sobre la noche que avecindaba, pero convino en que era solamente su deseo y su desesperación.
Y tal vez así simplemente fue.
Voz clara que recorre con su mirada por aquellas cosas que podrías llamar tiempo. Eco, eco. No es como que aquel lugar ameritase tenerlo, pero dentro de las mentes toda clase de posibilidades se pueden dar, para que al final del día termines esquizofrénico y con un dolor de cabeza horrible.
...
...y que si piensas mucho en esas otras cosas, terminas con un dolor del alma que nadie te saca. Nadie.
Porque claro, es así como eres, es así como funcionas. Como si estuvieras destinado para estar en soledad, volviste a mirar al cielo que no era cielo y te diste cuenta de lo solo que estabas.
Una vez más apagaste la luz.
Claro, no era lo que esperabas, no era lo que querías, pero la desesperación lo ameritaba, después de todo... después de todo, nadie sabe lo que te depara el sentir. Porque mañana sin lugar a dudas puede ser peor.
Y es siempre muy probable que así lo sea.
lunes, 19 de diciembre de 2011
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Rapto de una noche de primavera
Imposibilidad de rechazo. La duna del desierto, siempre imposible, me rechazó el aliento. Insondable, el sol miraba a través de aquellas nubes que no existían. Improbable, la lluvia que añoraba. Especie escasa, posibilidad imposible.
Pavor, asfixia, latidos que parecen explotar.
Y aun así caminaste como si nada.
Jamás negaste, pero aquella actitud venía de otras formas.
Y los días avanzaron en suspenso.
Pavor, asfixia, latidos que parecen explotar.
Y aun así caminaste como si nada.
Jamás negaste, pero aquella actitud venía de otras formas.
Y los días avanzaron en suspenso.
Literal o metafórico. Ambos hilos que se entretejen y se hacen ver. Mar, emociones y deseos.
Cuesta mirar al cielo cuando es demasiado lo que el sol ilumina, así, como el alma ha de sentir la no correspondencia y la eterna admiración. Lleno de errores del ser, te das por vencido. Aquello es divino y tú eres, mortal.
Pero es inevitable ir en búsqueda de aquello, ir en búsqueda de tu luz. Como creer que el sol es tuyo, como luna que eres. Y correr como un infeliz mortal ante el enceguecedor resplandor de aquello, que bien sabes, es divino. Y otra vez, el mismo punto, las mismas enseñanzas de las cuales no aprendes nada. Es casi obvio, es casi tu naturaleza: esa parte imborrable del yo, como si fuera un pecado original.
Creer en las antiguas leyendas románticas y tristes. Desgracias y calamidades. Amargarse en vida de que tal romanticismo está lleno de plegarias que muchas veces nunca fueron escuchadas, o que tal vez peor, aquel dios te las concedió a su soberano antojo. Es inevitable gritar al cielo.
Es inevitable el clamor contra ese dios.
Y observas de que tu vida se llena de metáforas. Pero el tú es tan literal que nadie lo capta; terminas siendo como una visión de oasis en un desierto ¡Cuánto quiero creer en ti!
Claro, terminas siendo una metáfora.
Eterno camino congelado de mares tormentosos o eterno camino de un desierto interminable. En ambas mueres.
Mueres.
Pereces.
Pero la vida sigue, y de aquello que tal vez fuiste, llegarás de nuevo. Años, días, meses, segundos, milenios. Quien sabe. Pero la verdad es que pocos verdaderamente aprenden.
Y siempre he sentido que nosotros no somos al menos esos aquellos.
Desgarra, crece, aprende. Vuelve a caer.
Y el sol está ahí arriba y te mira como si nada. En estos últimos tiempos, se ríe de ti iluminando pero con un frío atroz, o te ilumina y te carboniza. El sol te mira y tal vez uno llegase a pensar que se ríe de ti. Como si en un trono estuviese. Pero (tal vez) no es verdad. La verdad es que (nuevamente) tal vez ni siquiera te mire.
Pero la luna que existe en los cielos que nunca alcanzaremos a tocar te señala el camino. Complicada es, pero dentro de la hostilidad natural es la única que te da la mano. Y dentro de toda esta basura de lo que es camino a seguir, nunca nos damos cuenta de aquello hasta que vienen las oscuras nubes.
Y más miserables somos.
Se van las nubes, y olvidamos todo. Y cuando recuerdas, es porque estás lúcido. Y cuando estás lúcido, el mar es tu guillotina y el desierto es tu veneno.
Vagamente miras al cielo, mientras los nubarrones de los ojos cubren lo que ves. Dejas de mirar.
Te das cuenta de que aquí estás.
Y otro día, otro mundo ha acabado.
Cuesta mirar al cielo cuando es demasiado lo que el sol ilumina, así, como el alma ha de sentir la no correspondencia y la eterna admiración. Lleno de errores del ser, te das por vencido. Aquello es divino y tú eres, mortal.
Pero es inevitable ir en búsqueda de aquello, ir en búsqueda de tu luz. Como creer que el sol es tuyo, como luna que eres. Y correr como un infeliz mortal ante el enceguecedor resplandor de aquello, que bien sabes, es divino. Y otra vez, el mismo punto, las mismas enseñanzas de las cuales no aprendes nada. Es casi obvio, es casi tu naturaleza: esa parte imborrable del yo, como si fuera un pecado original.
Creer en las antiguas leyendas románticas y tristes. Desgracias y calamidades. Amargarse en vida de que tal romanticismo está lleno de plegarias que muchas veces nunca fueron escuchadas, o que tal vez peor, aquel dios te las concedió a su soberano antojo. Es inevitable gritar al cielo.
Es inevitable el clamor contra ese dios.
Y observas de que tu vida se llena de metáforas. Pero el tú es tan literal que nadie lo capta; terminas siendo como una visión de oasis en un desierto ¡Cuánto quiero creer en ti!
Claro, terminas siendo una metáfora.
Eterno camino congelado de mares tormentosos o eterno camino de un desierto interminable. En ambas mueres.
Mueres.
Pereces.
Pero la vida sigue, y de aquello que tal vez fuiste, llegarás de nuevo. Años, días, meses, segundos, milenios. Quien sabe. Pero la verdad es que pocos verdaderamente aprenden.
Y siempre he sentido que nosotros no somos al menos esos aquellos.
Desgarra, crece, aprende. Vuelve a caer.
Y el sol está ahí arriba y te mira como si nada. En estos últimos tiempos, se ríe de ti iluminando pero con un frío atroz, o te ilumina y te carboniza. El sol te mira y tal vez uno llegase a pensar que se ríe de ti. Como si en un trono estuviese. Pero (tal vez) no es verdad. La verdad es que (nuevamente) tal vez ni siquiera te mire.
Pero la luna que existe en los cielos que nunca alcanzaremos a tocar te señala el camino. Complicada es, pero dentro de la hostilidad natural es la única que te da la mano. Y dentro de toda esta basura de lo que es camino a seguir, nunca nos damos cuenta de aquello hasta que vienen las oscuras nubes.
Y más miserables somos.
Se van las nubes, y olvidamos todo. Y cuando recuerdas, es porque estás lúcido. Y cuando estás lúcido, el mar es tu guillotina y el desierto es tu veneno.
Vagamente miras al cielo, mientras los nubarrones de los ojos cubren lo que ves. Dejas de mirar.
Te das cuenta de que aquí estás.
Y otro día, otro mundo ha acabado.
Intenso ritmo de cansancio, mierda de nostalgia, y canciones tristes.
(De sonrisas fingidas son los tiempos)
Claro, uno puede ir y mirar como el mundo anda, pero te juro que cansa. En el peor (o tal vez mejor) de los casos, lo podría prometer. Cantando, cantando.
De hecho, es tanta la verborrea que es como si mi mente no pudiera soportar un gran conjunto de elementos algo racionales (o siquiera la expresión del sentimentalismo) para ser expuestos en lo escrito. Es loco también. Llega a ser masoquistamente entretenido.
(...)
Demonios.
El amanecer de las cosas hace que claro, quiera, pueda y deba sentir un ánimo de piano que toca suaves y potentes notas; de luces de un sol que amenaza con ser de verano. Una vida que llega a entregar más vida, la capacidad que claramente no tengo. Envidia. Cómo me gustaría ser aire; es como si así fuese un poco más... útil. No sé. No sé lo que quiero decir. Y otra vez: demonios.
Ha pasado el tiempo, ¿no crees?
Y yo sigo siendo el mismo. Claro, siempre se agregan cosas extras, siempre pasa. Desde conocimiento hasta más coraza de puerco, pero... en el fondo se es el mismo. Yo. 17 eternos años. Pero nadie parece darse cuenta, o sea. Tú entiendes.
Como un video de desprecio.
Como una carta de apologías.
Como una imagen de eterna sombra.
Porque al final yo soy de las clase de personas que ilumina su camino con cosas que no son precisamente luz. Y que claro, como toda persona solitaria, tiende (aun acompañado y todo) inevitablemente a la soledad. No se sorprenda. Siempre ha sido así. Hay personas que le llaman "colores verdaderos".
En fin.
(De sonrisas fingidas son los tiempos)
Claro, uno puede ir y mirar como el mundo anda, pero te juro que cansa. En el peor (o tal vez mejor) de los casos, lo podría prometer. Cantando, cantando.
De hecho, es tanta la verborrea que es como si mi mente no pudiera soportar un gran conjunto de elementos algo racionales (o siquiera la expresión del sentimentalismo) para ser expuestos en lo escrito. Es loco también. Llega a ser masoquistamente entretenido.
(...)
Demonios.
El amanecer de las cosas hace que claro, quiera, pueda y deba sentir un ánimo de piano que toca suaves y potentes notas; de luces de un sol que amenaza con ser de verano. Una vida que llega a entregar más vida, la capacidad que claramente no tengo. Envidia. Cómo me gustaría ser aire; es como si así fuese un poco más... útil. No sé. No sé lo que quiero decir. Y otra vez: demonios.
Ha pasado el tiempo, ¿no crees?
Y yo sigo siendo el mismo. Claro, siempre se agregan cosas extras, siempre pasa. Desde conocimiento hasta más coraza de puerco, pero... en el fondo se es el mismo. Yo. 17 eternos años. Pero nadie parece darse cuenta, o sea. Tú entiendes.
Como un video de desprecio.
Como una carta de apologías.
Como una imagen de eterna sombra.
Porque al final yo soy de las clase de personas que ilumina su camino con cosas que no son precisamente luz. Y que claro, como toda persona solitaria, tiende (aun acompañado y todo) inevitablemente a la soledad. No se sorprenda. Siempre ha sido así. Hay personas que le llaman "colores verdaderos".
En fin.
De alguna manera te mataría. Todo da vueltas, menos el camino; ese se retuerce solo.
Espiral en sí mismo.
Espiral que no acaba.
Espiral de cadenas demasiado pesadas.
Y conforme va pasando el tiempo, siento que el azul se eleva cada vez más. Llega a ser inalcanzable, mi estatura ya no es suficiente sino que para añorar lo que podría ser tocar el resplandor diario.
Vivir en un espiral y lidiar con los sueños.
Y de manera especial, te diría: arranca, corre y aprende lo que es sufrir en la vida, mientras yo te alcanzo para darte muerte.
No hay otra manera.
Maneras, maneras.
Formas.
Esta cuestión de la vida se hace ridículamente enorme, pesada y fría.
Y en el fondo no es infortunio... es una connotación negativa y absoluta. Suerte de predestinación, pero sin suerte. Certeza.
Claro, nosotros somos seres que aprendemos del error, que tropezamos miles de veces con la misma piedra y que al final, para saber apreciar el bien, tenemos que conocer el mal. Ponerse a prueba de manera innecesaria es tan humano que llega a ser ridículo.
Espiral en sí mismo.
Espiral que no acaba.
Espiral de cadenas demasiado pesadas.
Y conforme va pasando el tiempo, siento que el azul se eleva cada vez más. Llega a ser inalcanzable, mi estatura ya no es suficiente sino que para añorar lo que podría ser tocar el resplandor diario.
Vivir en un espiral y lidiar con los sueños.
Y de manera especial, te diría: arranca, corre y aprende lo que es sufrir en la vida, mientras yo te alcanzo para darte muerte.
No hay otra manera.
Maneras, maneras.
Formas.
Esta cuestión de la vida se hace ridículamente enorme, pesada y fría.
Y en el fondo no es infortunio... es una connotación negativa y absoluta. Suerte de predestinación, pero sin suerte. Certeza.
Claro, nosotros somos seres que aprendemos del error, que tropezamos miles de veces con la misma piedra y que al final, para saber apreciar el bien, tenemos que conocer el mal. Ponerse a prueba de manera innecesaria es tan humano que llega a ser ridículo.
Y de un trozo de luz de luna
que oscureció las esperanzas del sol,
con mi mente perdida en la tuya,
no vi ni esperanza ni dios.
Que de un demonio encerrado,
enceguecido desesperar vi...
aquella silueta ya había escapado,
hacia aquel lugar donde nunca pude ir.
Mente trovadora,
ganas de volar:
a quién ahora quieres engañar.
Que de luces depende tu alma,
que del sol depende tu estar...
Alma confundida en lenguas de plata,
el sonido es fuerte para no sentir;
con engaños nunca cumpliste la hazaña,
hazaña en la que solo añorabas morir.
que oscureció las esperanzas del sol,
con mi mente perdida en la tuya,
no vi ni esperanza ni dios.
Que de un demonio encerrado,
enceguecido desesperar vi...
aquella silueta ya había escapado,
hacia aquel lugar donde nunca pude ir.
Mente trovadora,
ganas de volar:
a quién ahora quieres engañar.
Que de luces depende tu alma,
que del sol depende tu estar...
Alma confundida en lenguas de plata,
el sonido es fuerte para no sentir;
con engaños nunca cumpliste la hazaña,
hazaña en la que solo añorabas morir.
Sucede que de la inspiración se pueden sacar muchas conclusiones, y botar muchas basuras. Entonces, me digo, como tratando de explicar, que cualquier estupidez me arruina mi corriente personal. De algún modo estoy siendo una vez más un mentecato, pero no es como que se pueda arreglar ahora ya.
O sea, hay cosas que me aceleran un montón la imaginación, y la aceleran tanto que solo afectan a la mente, y en el fondo, estoy deteniendo un poco el tiempo, pero demonios, no tengo ni lápiz ni computador, ni ninguna tontera cerca de mí.
Un fiasco.
Y que claro, ahora ando con los labios partidos. O sea, es mi culpa, pero en el fondo sé que mi corazón (o la tontera que sea) me dice que no lo es. Claro, la culpa es mía, pero no lo es. Es por preocuparme mucho, y no de mi precisamente. No sería lejano decir que te quiero ver feliz y esas tonteras, pero de deseos no se hace un mundo de hechos, o al menos eso he aprendido.
Pero al final del día yo sigo añorando, con todos los PRO y (contras) que pudiera tener, que sonrías con fuerza. De hecho, hace milenios (reloj interno), que no hablo, y... demonios. Acá estoy otra vez.
Dedicando palabras que nunca se leerán.
Y vuelvo a ver mis ojos, en el espejo ególatra que no es nada más que un efecto especial, un vacío sin deseos personales.
Que claro, siempre ha sido así.
Puras tonteras de niño.
...
Añoranzas de persona que desea verdaderamente que estés bien.
O sea, hay cosas que me aceleran un montón la imaginación, y la aceleran tanto que solo afectan a la mente, y en el fondo, estoy deteniendo un poco el tiempo, pero demonios, no tengo ni lápiz ni computador, ni ninguna tontera cerca de mí.
Un fiasco.
Y que claro, ahora ando con los labios partidos. O sea, es mi culpa, pero en el fondo sé que mi corazón (o la tontera que sea) me dice que no lo es. Claro, la culpa es mía, pero no lo es. Es por preocuparme mucho, y no de mi precisamente. No sería lejano decir que te quiero ver feliz y esas tonteras, pero de deseos no se hace un mundo de hechos, o al menos eso he aprendido.
Pero al final del día yo sigo añorando, con todos los PRO y (contras) que pudiera tener, que sonrías con fuerza. De hecho, hace milenios (reloj interno), que no hablo, y... demonios. Acá estoy otra vez.
Dedicando palabras que nunca se leerán.
Y vuelvo a ver mis ojos, en el espejo ególatra que no es nada más que un efecto especial, un vacío sin deseos personales.
Que claro, siempre ha sido así.
Puras tonteras de niño.
...
Añoranzas de persona que desea verdaderamente que estés bien.
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