De alguna manera, y siendo igual que caer, le atribuyo un sentido grandioso de continuidad; seguir cayendo.
Seguir perdiendo, seguir perdiéndose.
Como que de otra forma, siento que todo avanza tan imperantemente que me ahogo. Imperante, porque avanzar es mandatorio; aunque no quieras, el tiempo avanza, avanza, crece en magnitud, aunque el sentido de las cosas sea difuso (aunque ciertamente, ES un vector, aunque lo sintamos tan perdido como escalar).
Y claro, imperante, porque además, uno va creciendo. Mente; uno va creciendo de manera obligatoria.
El halo cae.
La brisa se hace insoportablemente fría.
El tiempo avanza, se siente 2007, pero nunca volverá a ser lo mismo.
No, nunca.
El frío no se detiene, y aunque yo me detenga más con el paso de cada segundo...
...
El halo se cae, y al final, todos somos polvo. El tiempo avanza, no nos damos cuenta.
Que no tenga como yo, tantas heridas en el alma
Es ridículo.
Ridículo...
¿Sabes? el cielo hoy me miró con recelo.
Y, ¿sabes? siento que el color se hace más desesperante. Estaba acostumbrado a... ver en gris. Sigo soñando en negativo, pero distinguir el rojo, el verde y el azul me da miedo. Porque eso siento. Miedo.
Y que de cualquier modo, buscando encontrarás, buscando podrás asesinar. Buscando podrás dejarme en vergüenza, ver lo mentiroso que soy. Buscando... buscando me encontrarás. Porque soy un libro abierto. Porque siempre estoy acá. Porque en realidad... no es necesario buscarme...
Que claro, el olor a chocolate me llega más profundamente. Más que nunca quiero escapar. Más que nunca... quiero irme al demonio. Sabes que soy así, el escapista por excelencia que no tiene freno. No estoy.
No estoy.
Los otoños se hacen más notorios, pero el olor a verano es horrible. Y el sentir del corazón se hace terrible... horrible.
Las nubes se agitan sobre mi cabeza, las mañanas se hacen más heladas. Pero la sangre circula más, el dolor se hace más notorio, y el color de mi sonrisa se hace más y más notorio.
No quiero...
En serio, no quiero...
Una entrada emotiva hizo en el vestíbulo. Era, claro, alguien que no esperaban
Alguien a quien dieron por desaparecido.
Y entonces una luz se iluminó en sus corazones.
Pero la verdad había sido otra en su corazón: le habían dejado solo. Y claro, si lo ves desde allá... le habían dejado solo. A la voluntad del destino, al flujo del viento. A la muerte certera.
Pero sin embargo acá estaban. Vitoreando.
Y él, con lágrimas en los ojos y el corazón sangrando, queriendo golpear a todos y largarse.
Pero en vez de eso, dijo:
-Nunca los perdonaré.
El silencio se hizo absoluto.
Todo el mundo cayó en cuenta de su error. Y el que más culpa tenía, y la única persona que se había puesto a llorar cuando llegó, "- la única persona que... -" pasó por la mente de aquel herido personaje, le dijo perdón un millón de veces.
Le sonrió.
Sabía que era su único amigo.
-A ti te quiero...
Y prosiguió.
-Seguiré mi propio camino. Mis noches serán mías, mis dolores serán míos y por ende mis alegrías también. No se alegren cuando lleguen, no se percaten de mi muerte, no lloren mi ausencia. No lo merecen, así como no los merezco a ustedes.
Era una persona poco acostumbrada a hablar, pero prosiguió.
-Acá hay solamente una persona que puede hacer todo lo anterior. Tal vez dos. Pero... ustedes son de acá. Mi camino es el mío, y yo decido abandonarlos. Yo decido odiarlos, ustedes deciden odiarme. Yo decido amarlos en la distancia. Lo que me han hecho es imperdonable, pero la virtud del pasado es gigante...
Y mientras caía una lágrima por toda su manchada cara:
-Y a todos ustedes consideré mis amigos.
Se dio vuelta, mientras dijo:
-El amor no necesariamente siempre gana.
Alguien a quien dieron por desaparecido.
Y entonces una luz se iluminó en sus corazones.
Pero la verdad había sido otra en su corazón: le habían dejado solo. Y claro, si lo ves desde allá... le habían dejado solo. A la voluntad del destino, al flujo del viento. A la muerte certera.
Pero sin embargo acá estaban. Vitoreando.
Y él, con lágrimas en los ojos y el corazón sangrando, queriendo golpear a todos y largarse.
Pero en vez de eso, dijo:
-Nunca los perdonaré.
El silencio se hizo absoluto.
Todo el mundo cayó en cuenta de su error. Y el que más culpa tenía, y la única persona que se había puesto a llorar cuando llegó, "- la única persona que... -" pasó por la mente de aquel herido personaje, le dijo perdón un millón de veces.
Le sonrió.
Sabía que era su único amigo.
-A ti te quiero...
Y prosiguió.
-Seguiré mi propio camino. Mis noches serán mías, mis dolores serán míos y por ende mis alegrías también. No se alegren cuando lleguen, no se percaten de mi muerte, no lloren mi ausencia. No lo merecen, así como no los merezco a ustedes.
Era una persona poco acostumbrada a hablar, pero prosiguió.
-Acá hay solamente una persona que puede hacer todo lo anterior. Tal vez dos. Pero... ustedes son de acá. Mi camino es el mío, y yo decido abandonarlos. Yo decido odiarlos, ustedes deciden odiarme. Yo decido amarlos en la distancia. Lo que me han hecho es imperdonable, pero la virtud del pasado es gigante...
Y mientras caía una lágrima por toda su manchada cara:
-Y a todos ustedes consideré mis amigos.
Se dio vuelta, mientras dijo:
-El amor no necesariamente siempre gana.
En una pausa, miré a la pantalla. Mis errores, mis fracasos, las cosas que he hecho mal. Todo lo que en la vida ha ocurrido. Todo lo que mis manos han trabajado.
Todo lo que he visto, todos los llantos que he llorado. Todos los veranos que han sido sombras, todas las sombras que han sido luces, todas las luces que han sido de verano.
Pero un comienzo es un comienzo. Frío, álgido, triste.
Un señuelo de felicidad aparece, pero no le creo. Acierto y era mentira.
Como todo, como todos. Mentiras.
Pero no importa mucho, porque yo en el fondo soy un falso. Y aun falso, quiero hacer las cosas bien. Corregir errores duele.
Una nube estaba sobre mi cabeza, lo sé, aunque no esté afuera. Creo en eso. Creo en...
Creo en que he pecado demasiado.
Creo que en el fondo, todo lo que he pasado, ha sido mi culpa.
Y que por eso mismo, tengo que cargar, ser responsable.
Aceptar todo, lo bueno, lo malo. Lo inaceptable y lo aceptable. Con un abrazo los incluyo en mi corazón, y, los hago míos.
Porque después de todo, es mi deber.
Es lo que tengo que hacer.
Es...
Es.
Es mi demonio.
Es algo con lo que debo convivir.
Aunque este demonio sea precisamente mi sueño.
Todo lo que he visto, todos los llantos que he llorado. Todos los veranos que han sido sombras, todas las sombras que han sido luces, todas las luces que han sido de verano.
Pero un comienzo es un comienzo. Frío, álgido, triste.
Un señuelo de felicidad aparece, pero no le creo. Acierto y era mentira.
Como todo, como todos. Mentiras.
Pero no importa mucho, porque yo en el fondo soy un falso. Y aun falso, quiero hacer las cosas bien. Corregir errores duele.
Una nube estaba sobre mi cabeza, lo sé, aunque no esté afuera. Creo en eso. Creo en...
Creo en que he pecado demasiado.
Creo que en el fondo, todo lo que he pasado, ha sido mi culpa.
Y que por eso mismo, tengo que cargar, ser responsable.
Aceptar todo, lo bueno, lo malo. Lo inaceptable y lo aceptable. Con un abrazo los incluyo en mi corazón, y, los hago míos.
Porque después de todo, es mi deber.
Es lo que tengo que hacer.
Es...
Es.
Es mi demonio.
Es algo con lo que debo convivir.
Aunque este demonio sea precisamente mi sueño.
Masoquismo personal.
Así se denominaba aquello que nos dominaba.
Aquello que me dominaba. Ese conocimiento que terminaba y empezaba en algo constante, que siempre nos seguía, que siempre me seguía.
Dime, ¿Acaso yo o tú eras el maldecido?
Y digo "yo" primero, para acrecentar mi arrogancia.
...
Pero en el fondo sé que digo "tú" después, para protegerte. Y ahí tengo la terrible duda de si colocar una coma extra.
Digo, cambia todo el sentido.
Hoy desperté mal. Fue un augurio horrible de lo que fuera un día terrible. Los mares no vi, el cielo apenas pude ver, y estaba despejado. Un claro mal presagio para mí fue despertar pensando lo que soñé, puesto que solía no hacerlo. Y el sueño era malo. De quemarse para ahogarse; de sombras y de hojas atrapadas a ramas que ahorcaban lo que alguna vez fuera mi cuello. O tal vez era el tuyo...
En fin.
En comienzo.
Cuando fue ya la noche, tropecé, sin darme cuenta de lo que veía afuera. Por un momento me sentí protagonista de una misma historia que no era sino más que mi imaginación, y deseé, por primera vez, mal. Deseé con odio, con desesperación y con rabia que desaparecieras.
Y ocurrió todo lo malo.
Aun en normalidad.
Me pregunto si los dioses me aman o me odian. O si tan simplemente están jugando pasadas ridículas, como a los griegos.
Minutos después, un fuego había partido en mi corazón.
Vive, o se consumido.
Y yo elegí ser consumido.
Era el demonio. Era demasiado hermoso como para ser un dios. O era demasiado hermosa, no lo sé. Era algo raro. Debía ser el demonio. Sentí, cuando se paró frente a mí, que me ofrecía algo. Yo elegí. Le di la mano. Era el peor error. Era el mejor error. Era un error. Luego sentí el terror.
Temí.
Y no por mí, sino que el fuego realmente partió.
Y me dijo:
- Tu odias a los dioses, ¿verdad?
- Siempre. Siempre he querido matarlos. Aunque sea solo uno. Aunque esté lleno de algo que le llama todo el mundo amor, todo es injusto, y debe ser tan horrible como tú.
Risas.
Muchas risas de una voz que ahora reconocí mujer.
- Entonces ve. Yo no sé qué harás ahora. Yo no sé, no me interesa, cuales sean tus intenciones.
Simplemente haz lo mejor.
Esas letras marcaron mi mente.
Todo se estaba quemando, cuando salí de casa, como si nada hubiera pasado, lo observé. Estaba en el infierno. Pero aún así, era más cálido que lo que normalmente era una vista de la calle o de las casas. Realmente, todo estaba iluminado.
Esto era algo que los dioses, o que dios, odiaba. Algo que no estaba en sus planes. Los hilos del destino impuesto estaban quemados, de aquello de lo que llaman libro de los condenados, ya no estaba con mi nombre. O incluso el cielo, tampoco tenía algo mío. En su propia categoría.
Me reí histéricamente.
Sentí como la mujer, o esa cosa hermosa que tenía voz de mujer (por que claro, humano no), me miraba con una cara seria.
- Tal vez no debí.
El sonido del fuego cada vez se hacía más fuerte.
- Porque en el fondo, eres bueno.
Muy bueno, susurró el viento.
- Tal vez soy bendecido- Tomé el fuego, un pedazo que se esparcía por un árbol. - No sientas más dolor - Y acabé con el fuego que había que acabar.
Pero cuando me di cuenta, había menos gente. Por alguna razón lo podía sentir.
Muchísima menos gente.
Realmente, el mal me había maldecido.
Así se denominaba aquello que nos dominaba.
Aquello que me dominaba. Ese conocimiento que terminaba y empezaba en algo constante, que siempre nos seguía, que siempre me seguía.
Dime, ¿Acaso yo o tú eras el maldecido?
Y digo "yo" primero, para acrecentar mi arrogancia.
...
Pero en el fondo sé que digo "tú" después, para protegerte. Y ahí tengo la terrible duda de si colocar una coma extra.
Digo, cambia todo el sentido.
Hoy desperté mal. Fue un augurio horrible de lo que fuera un día terrible. Los mares no vi, el cielo apenas pude ver, y estaba despejado. Un claro mal presagio para mí fue despertar pensando lo que soñé, puesto que solía no hacerlo. Y el sueño era malo. De quemarse para ahogarse; de sombras y de hojas atrapadas a ramas que ahorcaban lo que alguna vez fuera mi cuello. O tal vez era el tuyo...
En fin.
En comienzo.
Cuando fue ya la noche, tropecé, sin darme cuenta de lo que veía afuera. Por un momento me sentí protagonista de una misma historia que no era sino más que mi imaginación, y deseé, por primera vez, mal. Deseé con odio, con desesperación y con rabia que desaparecieras.
Y ocurrió todo lo malo.
Aun en normalidad.
Me pregunto si los dioses me aman o me odian. O si tan simplemente están jugando pasadas ridículas, como a los griegos.
Minutos después, un fuego había partido en mi corazón.
Vive, o se consumido.
Y yo elegí ser consumido.
Era el demonio. Era demasiado hermoso como para ser un dios. O era demasiado hermosa, no lo sé. Era algo raro. Debía ser el demonio. Sentí, cuando se paró frente a mí, que me ofrecía algo. Yo elegí. Le di la mano. Era el peor error. Era el mejor error. Era un error. Luego sentí el terror.
Temí.
Y no por mí, sino que el fuego realmente partió.
Y me dijo:
- Tu odias a los dioses, ¿verdad?
- Siempre. Siempre he querido matarlos. Aunque sea solo uno. Aunque esté lleno de algo que le llama todo el mundo amor, todo es injusto, y debe ser tan horrible como tú.
Risas.
Muchas risas de una voz que ahora reconocí mujer.
- Entonces ve. Yo no sé qué harás ahora. Yo no sé, no me interesa, cuales sean tus intenciones.
Simplemente haz lo mejor.
Esas letras marcaron mi mente.
Todo se estaba quemando, cuando salí de casa, como si nada hubiera pasado, lo observé. Estaba en el infierno. Pero aún así, era más cálido que lo que normalmente era una vista de la calle o de las casas. Realmente, todo estaba iluminado.
Esto era algo que los dioses, o que dios, odiaba. Algo que no estaba en sus planes. Los hilos del destino impuesto estaban quemados, de aquello de lo que llaman libro de los condenados, ya no estaba con mi nombre. O incluso el cielo, tampoco tenía algo mío. En su propia categoría.
Me reí histéricamente.
Sentí como la mujer, o esa cosa hermosa que tenía voz de mujer (por que claro, humano no), me miraba con una cara seria.
- Tal vez no debí.
El sonido del fuego cada vez se hacía más fuerte.
- Porque en el fondo, eres bueno.
Muy bueno, susurró el viento.
- Tal vez soy bendecido- Tomé el fuego, un pedazo que se esparcía por un árbol. - No sientas más dolor - Y acabé con el fuego que había que acabar.
Pero cuando me di cuenta, había menos gente. Por alguna razón lo podía sentir.
Muchísima menos gente.
Realmente, el mal me había maldecido.
Los demonios se los trae uno mismo.
Mis ojos se deslumbraron ante el día que no debía ser día. Han pasado muchas cosas, y el desorden es único. Dentro de todo lo que he pensado, pocas conclusiones. Bueno y malo: si muero ahora, tendré un millón de cosas inconclusas. Lo bueno es obvio: no me aburriré.
Como siempre en realidad, ninguna novedad.
Ninguna a nivel de personalidad. Lo que no significa que se vaya a cambiar algo, porque la narración de las cosas que han pasado vuelven lentamente a mí. Claro.
Capítulos olvidados.
Y la violencia vuelve a apoderarse de varias cosas. Muchas.
Es hora de despertar, de hacer algo, después de todo:
eres mi enemigo.
Soy tu enemigo.
De ahora en adelante, solo cosas extrañas ocurrirán.
Mis ojos se deslumbraron ante el día que no debía ser día. Han pasado muchas cosas, y el desorden es único. Dentro de todo lo que he pensado, pocas conclusiones. Bueno y malo: si muero ahora, tendré un millón de cosas inconclusas. Lo bueno es obvio: no me aburriré.
Como siempre en realidad, ninguna novedad.
Ninguna a nivel de personalidad. Lo que no significa que se vaya a cambiar algo, porque la narración de las cosas que han pasado vuelven lentamente a mí. Claro.
Capítulos olvidados.
Y la violencia vuelve a apoderarse de varias cosas. Muchas.
Es hora de despertar, de hacer algo, después de todo:
eres mi enemigo.
Soy tu enemigo.
De ahora en adelante, solo cosas extrañas ocurrirán.
Saltarse algo es bastante extraño.
Bueno, creo que no soy sonámbulo. Pero probablemente tengo un problema, o algo por el estilo. Es como si hubieran pasado muchas cosas, pero al menos estoy bien. En realidad no.
Nada bien.
Siento que han pasado hartas cosas, insisto.
Demonios...
Agua.
Alguien tocó el timbre. No insistió ni yo abrí. No era necesario. Nada de eso era necesario. Era día de no hacer, y en el piso estuve, mirando al cielo. Me di cuenta de mis errores, después de todo, yo nunca me he aburrido, nunca he escapado de mi mismo, pero nunca he tocado ese pensamiento. En cierto modo, estaba en una maratón de la cual no sabía que era partícipe. Te miraba como ficción, como algo ajeno. Supongo que así no era.
Después de todo, yo soy el que está acá. Es como si yo fuera el propio escritor en mi mismo; como que si esto fuera un pedazo de ficción que yo estuviera relatando.
Y es que nunca le había tomado el peso.
Peso de mis acciones, peso de tus acciones. Peso de nuestros pesares.
Acarrea la basura.
El peso de los sueños es horrible. Darse cuenta de que lo que se quiere ser te hace así. Claro, dispuesto a lanzar la propia felicidad. Puede ser cínico, no sé, pero es como si fuera lo correcto. A veces, me digo, y sobretodo últimamente que he estado mucho más solo, podría usarme a mi mismo como pieza de ajedrez. Y es que claro, por eso he rechazado a toda persona que quisiera compartir algo conmigo.
Porque de todos modos, terminaremos solos. Se siente el alma incompatible con el mundo.
Pero todo avanza, y la gente se va. Es como que de cualquier modo, nunca se la han jugado por ti.
No importa.
No es como que alguien con el presente pensamiento valga la pena.
Siento dos horribles dolores. Uno en mi estómago y otro en mi cara.
Nuevamente, el peso de los sueños es horrible.
Después de todo, voy en un carril, carril que no aguanta más cosas, trenes o personas. Me pregunto si aguantaré, o si lograré cumplir las cosas que quiero. Pero, aunque me importe lo otro yo...
Demasiado falso.
Por eso amo y temo a la gente verdadera, a los genuinos. Porque aunque mi personalidad sea genuina, mi querer no. Mis sueños no. Prestados, aquellos del querer ser. Por eso dudo. No, no es que dude...
Me lamento.
Esa es la palabra.
Esa es la condena.
Ah.
Eso era.
Eso pasó.
Bueno, creo que no soy sonámbulo. Pero probablemente tengo un problema, o algo por el estilo. Es como si hubieran pasado muchas cosas, pero al menos estoy bien. En realidad no.
Nada bien.
Siento que han pasado hartas cosas, insisto.
Demonios...
Agua.
Alguien tocó el timbre. No insistió ni yo abrí. No era necesario. Nada de eso era necesario. Era día de no hacer, y en el piso estuve, mirando al cielo. Me di cuenta de mis errores, después de todo, yo nunca me he aburrido, nunca he escapado de mi mismo, pero nunca he tocado ese pensamiento. En cierto modo, estaba en una maratón de la cual no sabía que era partícipe. Te miraba como ficción, como algo ajeno. Supongo que así no era.
Después de todo, yo soy el que está acá. Es como si yo fuera el propio escritor en mi mismo; como que si esto fuera un pedazo de ficción que yo estuviera relatando.
Y es que nunca le había tomado el peso.
Peso de mis acciones, peso de tus acciones. Peso de nuestros pesares.
Acarrea la basura.
El peso de los sueños es horrible. Darse cuenta de que lo que se quiere ser te hace así. Claro, dispuesto a lanzar la propia felicidad. Puede ser cínico, no sé, pero es como si fuera lo correcto. A veces, me digo, y sobretodo últimamente que he estado mucho más solo, podría usarme a mi mismo como pieza de ajedrez. Y es que claro, por eso he rechazado a toda persona que quisiera compartir algo conmigo.
Porque de todos modos, terminaremos solos. Se siente el alma incompatible con el mundo.
Pero todo avanza, y la gente se va. Es como que de cualquier modo, nunca se la han jugado por ti.
No importa.
No es como que alguien con el presente pensamiento valga la pena.
Siento dos horribles dolores. Uno en mi estómago y otro en mi cara.
Nuevamente, el peso de los sueños es horrible.
Después de todo, voy en un carril, carril que no aguanta más cosas, trenes o personas. Me pregunto si aguantaré, o si lograré cumplir las cosas que quiero. Pero, aunque me importe lo otro yo...
Demasiado falso.
Por eso amo y temo a la gente verdadera, a los genuinos. Porque aunque mi personalidad sea genuina, mi querer no. Mis sueños no. Prestados, aquellos del querer ser. Por eso dudo. No, no es que dude...
Me lamento.
Esa es la palabra.
Esa es la condena.
Ah.
Eso era.
Eso pasó.
Perfecto.
Podría ser descrito de esa forma.
Pero no.
No era así.
Algo conocido como perfecto nace así. Lo que yo estaba viendo era algo falso. Como aquel enigma de ser originalmente bueno.
No era un ángel, ni dios. Pero lo parecía. Y sin el pero.
Mas en el momento en que observas algo perfecto, sientes que todo cambia. Esperas a que cambie, hasta que no. Hasta que te quedas dormido.
Y ya todo ha transcurrido.
Imperfecto para tus ojos.
O curiosidad.
¿Ves?
Imperfecto
Podría ser descrito de esa forma.
Pero no.
No era así.
Algo conocido como perfecto nace así. Lo que yo estaba viendo era algo falso. Como aquel enigma de ser originalmente bueno.
No era un ángel, ni dios. Pero lo parecía. Y sin el pero.
Mas en el momento en que observas algo perfecto, sientes que todo cambia. Esperas a que cambie, hasta que no. Hasta que te quedas dormido.
Y ya todo ha transcurrido.
Imperfecto para tus ojos.
O curiosidad.
¿Ves?
Imperfecto
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)